La primera vez que probé semen tenía 13 años. La primera mamada que di fue en el patio de la escuela. El suertudo era un güey con cara de Justin Bieber; sus piernas le temblaban, yo tenía miedo de que se desmayara. Todo duró dos minutos. Y cuando él se vino, yo me tragué los mecos como si fuera una cucharada de jarabe.
No recomiendo —ni a mujeres ni a hombres— mamar pitos a la edad en la que yo empecé. De por sí, ya es difícil ser un adolescente con problemas de acné, bullying y padres divorciados como para preocuparse por el sexo oral. Entré a mi messenger de AOL para hablar con mis amigas, ellas ya habían tragado una buena cantidad de semen, eran las indicadas para aconsejarme. Me dijeron: Primero, no te los tragues si huele raro. Segundo, siempre trágatelos. El segundo consejo que me ofrecieron es el que me revolvió el estomago.
Creo que los mecos son asquerosos. He pasado un buen rato de mi vida sexual evitando tragarlos. Y para mí, tragarte los mecos le quita lo sexy al sexo oral. Algunas veces prefiero evitar todo el proceso. Cuando entré a la prepa, me negaba a mamar los pitos de los chicos con los que salía. Y me di cuenta de que los güeyes quieren meterla por donde sea, y si no te gusta mamárselas lo más seguro es que la relación no dure.
Entré a la universidad y seguía odiando tragar semen. Consideré escupir los mecos, así no tendría que probar el sabor amargo, pero lo peor es que nunca supe dónde escupir. ¿Lo escupo en el escusado o en el bote de basura? ¿Qué hago? Ni modo de caminar con la boca llena de mecos buscando dónde escupirlos. Yo estaba segura que si los escupía, me convertiría en la chica de la que todos se burlarían. En la prepa, una chica chaqueteaba a los morros sólo usando las yemas de los dedos, la escuela entera se burló de ella, le decían la “garra de águila”. Yo consideré el snowballing: en lugar de escupir el semen, el hombre recibe su propio semen de la boca de la chica. Si yo tengo que probar los asquerosos mecos de un güey, ¿por qué él no? Lo intenté, pero no funcionó. Los güeyes no quieren tragárselos, sólo quieren eyacular.
Los tipos de nuestra generación piensan que es muy normal que las mujeres se traguen su semen. Es más, si la mujer no se los traga, ellos lo toman como un insulto. No entienden que los mecos saben a ostiones podridos.
Me han dicho que a algunas mujeres les gusta el sabor de los mecos, pero la verdad es que no lo creo. A mí me sigue pareciendo un mito que un güey inventó para presionar a las chicas.
Los güeyes con los que he salido me han dicho que yo también me ofendería si me lamen la cara después de comerme. No es lo mismo. La verdad es que si hubiera un líquido espeso saliendo de mi vagina, yo entendería si un güey no me quiere comer. Pero hay que ser honestos, los güeyes se comen todo lo que les pongan enfrente. Una vez con la luz apagada, comen cualquier vagina.



